lunes, 13 de octubre de 2008

Generación Z

Recuerdo la vez que en clase, mientras intentaba exponer la idea para un proyecto, tomé como referencia la textura de la estética usada en la llamada generación X, básicamente la camisa cuadrillé de franela típica de las zonas frígidas del norte y casi generalmente usadas en la década de los 80-90's, claro, entre otras cosas la primera pregunta de mi docente fue: "¿qué es la generación X?".
Sin remitirme a otro ejemplo, suponiendo que ella tenga actualmente 30, 31 años promedio, haciendo una breve cuenta, podríamos llegar a la conclusión de que vivió su adolescencia en la plena década de los 90's, entonces pertenece a los nacidos entre los años 70's y principios de los 80's. Esa es la generación X.
Pertenecer a una década no necesariamente significa “formar” parte de ella, en todo caso, una persona de su edad sin más, podría explicarme de forma detallada su generación, pero como tantos otros tal vez tenga un concepto anacrónico o simplista de su adolescencia con respecto a lo que sucedía de forma más existencial. Obviamente, no todos los que actualmente tienen 50 años en su momento fueron punks, ni los que tengan 60 fueron hippies, entonces los que en la actualidad rondamos los 20 años tenemos que formar parte de la llamada nueva "generación Y" por que nos amoldamos de sobremanera a la tecnología y la hiper-comunicación?.
Primero por partes.

Sacando que el mundo entero haya pasado más de la mitad del siglo entre guerra-guerrillas repartidas por todos lados como los chinos y sus supermercados, podemos decir que las últimas décadas fueron de saneamiento y entremés para la nueva forma del
capitalismo: el neoliberalismo. El fuerte afluente de la revuelta.
Se quiera o no aceptar, a nivel mundial hubo un drástico cambio en la manera de encarar la nueva vida que se ofrecía para la década entrante y esta generación fue la que encaró esa visión diferente. Seguramente se dio de forma más envolvente y espontánea en países de primer mundo, ya que como siempre a los tercermundistas nos llegan retrasadas y tergiversadas las "ultimas" tendencias (por así decirlo), pero la percepción sobre lo tangible y "real", al final es la misma.
Es obvio que no todos compartían de manera sustancial el mismo rechazo que se usó como fuerza para resaltar las actitudes de los adolescentes y jovenes, pero básicamente la caracterización de dichas personas dejaron tendencias en su forma de vivir, entre otras cosas la desvalorización de costumbres características de décadas pasadas, como la formación de familias “tipo”, el alejamiento eventual de las mismas y el aislamiento de lo demás.
¿El motivo?: la idiotez masiva, el afán del creciente marketing por extorsionar la visual, la absurda comercialidad de los valores cada vez más intolerables con respecto a la estúpida masividad y demás ganzadas existenciales crearon el fuerte rechazo de inadaptados sociales que se reusaban a “actualizarse” para dejar de lado una sociedad cada vez más superficial, creando así una actitud de “contra-cultura” que lamentablemente después supo incorporarse y explotar por los medios para un sin fin de necesidades corporativas, como sucedió con diferentes tendencias anteriores. Exactamente me refiero a la música, que dentro de todo fue el medio (como en muchas otras anteriores generaciones) de reflejar el desinterés, inconformidad y rebeldía contra el resto. La nueva economía, sumada a la depresión de la juventud adyacente supo resumir esa movida.

Volviendo al presente, caemos en lo que es hoy por hoy, lo que sociólogos denominan: La generación Y.
Demás está explicar de “que se trata”, ya que básicamente es lo que actual y cotidianamente tenemos acceso por lo menos el 60% de las personas: Internet.
Tampoco mucho para relevar de la actualidad hay, más que nombrar muy volátilmente las “modas” actuales, donde ser estúpido es sinónimo de genial, donde aparentar ser niños incomprendidos o mostrar “ternura” es el afán de descerebrados pre-adolescentes, donde pelearse por ser la más “hueca” de las amigas es un fin gratificante de aceptación entre el consejo de “huecos”, y una vez obtenido dichoso título revolcarlo en letras virtuales para hacer saber al mundo la idiotez de su juventud, claro, al final es solo la moda, y es la intención lo que cuenta, como todo, después pasa. Pero no, tampoco achaquemos toda la estupidez a la adolescencia, seamos equitativos, también se da de otra forma en la juventud, cuando uno alcanza el eventual título de “mayor de edad”, obviamente, ya hay cierta “cordura”, aunque la despreocupación es aún más notable, cuantas menos cosas nos enteremos mejor, cuantas menos cosas nos importe mejor, cuanto más colgados nos veamos con respecto al resto, mejor, dentro de círculos donde es mejor mostrar desinterés antes de ser acusado de “revolucionario”, o simplemente, “este flaco se mata pensando al pedo”, o cuando de forma irremediable se ven inmiscuidos en una charla que trasciende la conciencia común lo suficiente para trastocar la fe, religión, política o hasta la más divagante frase filosófica intente tachar al consiguiente de “rebelde sin motivo”, o peor aún, intentar a toda costa afanosamente hacerle pisar el palito para “auto-contradecirte” y de esa forma TENER LA RAZON por sobre todo, obviamente al final el erróneo casi “pedante” y sobrador con sus ideas de más “sobre pensadas” era el que no se amoldaba al contingente modo de razonar que el resto aprobaba, al final solo resulta ser otro salame más del montón que quería “resaltar” y le salió mal, que con un puñado de simple sentido común y hasta ordinario derribaron sus “ideas diferentes”, con solo enunciados tan básicos como que alguien que simplemente no le agrade la música en otro idioma te pregunte con un acento peyorativo “por qué escuchas esa música si ni siquiera entendés lo que dice?”.

Pobres idiotas!, podría pensar uno de los que no se ajustan al perfil estándar de adolescente o joven. Efectivamente, pobres esos idiotas, anacrónicos atemporales, inadaptados sociales, rebeldes sin causa ni motivo, al final son solo un puñado de disidentes “que se las dan de más siendo menos”, que andan mimetizados caminando por ahí entre estéticas que reflejan solo vestigios de un pasado de pura rebeldía, que pudo y no fue pretendiendo ser “originales”, para que después esa misma estética sea absorbida entre revueltas, movidas, tendencias, modas, o simplemente juntas de muchachos con un mismo interés pero a la misma vez desinteresadamente.
Es ahí, es a esos pobres idiotas a donde apuntamos con la inminente generación Z, a esos que se sientan fuera de tiempo y que de alguna manera ventajosamente se adaptaron a la época del presente.
Entre otras cosas, para variar, es inútil tratar de glorificar un movimiento como tal para simplemente buscar una identidad y de este modo verse “diferente” y “original”, como sucede en muchas casi siempre, sin tratar a la vez de caer dentro de un estereotipo, cualquiera que simplemente se vea desacuerdo con los valores conscriptos de la “sociedad” en sí se muestra como un rebelde, sin causa, obviamente, ¿cuál es el fin?, ¿derrocar al sistema?, ¿cómo?, ¿armando conciertos en locales de mala muerte mandando un soluble repudio al gobierno para que después se ahogue entre espesos humos de tabaco y marihuana?, sí, es lo que nosotros, los rebeldes sin causa hacemos, aunque extrañamente, no notamos ningún cambio en más de 40 años de rebeldía, ¿pero entonces de qué manera cambiar?, tal vez tirando bombas a la casa de gobierno, tal vez, aunque después el miedo de terminar siendo violado en la cárcel de Caseros es peor. Entonces al carajo, odiamos la sociedad, odiamos el sistema, nos vamos a vivir solos al pie de una montaña donde no hay corrupción y donde el único miedo es morir de gangrena si se nos rompe un hueso por algún motivo. ¿En todo caso la misantropía sería la solución para evitar “la rebeldía sin causa”?, tal vez, o tal vez mejor es concientizar a los demás de auto-superarse, de alentar la educación entre los pares para matar la mediocridad y así evitar ser vilmente explotados por chupadores de sangre, entre otras cosas, por que al fin y al cabo, es casi seguro que ninguno de nosotros, los rebeldes sin causa, soportaría un minuto la soledad.

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